jueves, 4 de diciembre de 2014

La caída de Mussolini

   Italia ya no actuaba más que como un apéndice del poderío alemán, repetida y abrumadoramente puesto de manifiesto. Ante la opinión italiana, el descrédito del partido fascista y su jefe crecían ayudados por estas circunstancias que ni siquiera la propaganda del régimen era capaz de ocultar. La tendencia hacia una salida de la guerra, con la voluntad de Mussolini o sin ella, iba cobrando seguidores. Pero la capacidad de actuación de forma efectiva estaría, en definitiva, en manos de los conservadores del poder.


   En el interior del partido, las fricciones y diferencias se agravaban ante el deterioro de la situación, que ya amenazaba con hacerse peligrosa para quienes estaban acostumbrados a ejercer la dominación sobre el país sin ningún género de control ni oposición. Mientras, los miembros más jóvenes y combativos, en cierto sentido todavía ilusionados con la ideología sustentada por el régimen, acusaban a los más antiguos fascistas de aburguesamiento; éstos, situados en la misma cúpula del poder, iban adoptando actitudes verdaderamente críticas hacia la actividad de su jefe natural. El partido había perdido -era bien evidente- la mayor parte de los apoyos sociales con que innegablemente había contado hasta entonces. La promulgación de leyes rechazadas por una gran mayoría, como las de carácter antisemita, había contribuido a este rechazo. La aceptación, resignada o entusiasta, según los casos, de la dictadura había pasado a transformarse en oposición y hostilidad.

Curiosidades del corazón humano

Mira el siguiente video.


Video de Ivan Gilmore, canal: https://www.youtube.com/channel/UCGTvwRRNON2diKlgEucu8nw